sábado, 11 de abril de 2015

Tienda


Y me mira o no. Sus ojos perdidos, como mirando un más allá acá, un mundo muy suyo en el que parece que yo no estoy aunque este, aunque pase delante de ella y la mire de soslayo, tímido. Apenas giras el cuello, sólo viéndola por el rabillo del ojo, una y otra vez, un día tras otro, bebiéndome su imagen hasta sabérmela de memoria. Las doce y cuarto, ahora estará atusándose el pelo, armándose la coleta tan negra y larga. Su pelo negro hasta la cintura. Se moverá hasta la puerta y apoyada en el quicio, apostada como una gatita o como una pantera,  sacará un paquete de tabaco del bolsillo interior de su chaqueta y muy despacio se fumará un cigarro. Por entonces, las doce y veinte, yo estaré cruzando la calle contigua, haciendo tiempo, imaginando que ahora, que ande más rápido o no llegas. Pero sí, tengo tiempo. Aún tengo tiempo. Aún tiene que terminarse el cigarro y que perfilarse los labios. Se pasa la barrita de vaselina después de fumar. Junta sus labios como preparándose para el beso, para besarme pero no. Sus labios tan carnosos, rosados, se saben atractivos y apetitosos. Ella lo sabe y se deleita en el momento. La forma en que se acaricia con la lengua el labio superior, después el inferior y obsesión. Es cuando acelero el paso y casi tropiezo. A esa hora la calle llena. La gente se apresura corriendo, siempre corriendo pero a dónde. Tantos años recorriendo el mismo camino para pasar por tu tienda, para verte. Tú que me miras o no, tú que te apoyas tan sensual, tan natural, tan tú y yo tan pendiente. Te imagino en tu casa o en otros lugares y no te reconozco, no te veo. Sólo en tu tienda, en el quicio apoyada y mirando de frente. Te he besado tantas veces que perdí la cuenta. En mis sueños yo me acerco y sin palabras te beso. Nos besamos hasta que me despierto y después nada. Tú no lo sabes pero me besas. Ahora mismo mientras avanzo me estás besando. Nuestros labios tan juntos, tan rozándose, tiemblan calientes y yo avanzando. Ya casi te veo. Enfilé la calle. La última tienda y ahí estarás, esperándome para no verme. Quizás ahora estés pensando en amores perdidos, en oportunidades que pasan, en historias que quizás, en amores que pudieron ser y no fueron, en aquel chico tan simpático que conociste y al que no dijiste nada, hola y adiós, qué tal, o aquel otro del verano en la playa. Ya te veo. Piensas en todos esos menos en mí o quizás si. Tan en tu mundo. Tan cerca pero tan lejos y yo. Si supieras lo que pienso, lo que es en mis sueños. Dicen que la vida es sueño, pero también es obsesión. Te quiero desde que te vi apoyada en el quicio de la puerta, desde que me viste o no, desde que tus ojos miraban más allá, al horizonte que es. Y yo paso como un fantasma, como un navío a sotavento, con las velas desplegadas, con viento de popa a toda mecha, a toda máquina. Sólo me bastó un instante para saber. Un solo segundo para grabarte e imaginarte en mi mente y ya todos los días. Pasar enfrente de ti y verte. Renovar cada día tu imagen. Verte con vaqueros, con falda, con blusas y chaquetas y tan tú, tan diferente pero tan tú. Tus mofletes que sobresalen y se hinchan. Tu cuerpo tan atlético apoyado de costado en el quicio de la puerta y tan tú. Así un día tras otro. Vivir para soñar y pasar frente a tu puerta a las doce y veinte, y verte sabiendo que tú me miras o no, que quizás, y soñar con tenerte.