sábado, 11 de mayo de 2013

Padres/Madres


     




    Vaya por delante que cualquier día debería ser bueno para declarar lo que declaro aquí, ahora y en este día martes 19 de marzo del año 2013, día del padre, día de los Joses, Pepes y demás nomenclatura. Otro día más y fiesta y excusa con que las grandes empresas se frotan las manos y otro día más donde los bienaventurados se ven en la obligación o necesidad imperiosa de comprar algo, consumir y regalar. Cuanto más elevado sea el importe del obsequio a regalar, mayor amor le demostrarás. Proporcional. En eso se ha convertido la sociedad. En la sociedad del consumo, del yo más y de la envidia, del capitalismo. Pero como dije antes, para mí, un día más, con sus veinticuatro horas y su rutina, en el que aprovecho para escribir algo que quizás no me atrevo a pronunciar con palabras, pensarlo si, pero pronunciarlo no, al menos a él. Quiero a mi padre, lo quiero aunque no se lo diga, hay cosas que no hacen falta decir o consideramos que no hacen falta decirlas, pensamos que con los actos basta y omitimos las palabras, como si estuvieran incrustadas en el acto en si, como el oxigeno en el aire, no lo vemos, pero está ahí, flotando… Actos que contienen palabras. Y quizás sea así, al fin y al cabo las palabras se las lleva el viento y lo que queda es el recuerdo del acto, la acción, como aquel piso donde vivimos de pequeños o aquellas vacaciones en Torremolinos o aquellos otros cuidados cuando uno estaba enfermo. Y como no puede haber un padre sin una madre, también hoy digo que quiero y amo a mi madre.  Así, por la misma razón que yo se que me quieren, yo los quiero a ellos. Por lo que no hoy, sino todos los días de mi vida, les quiero y les querré, aún sin palabras. A ellos les debo todo lo que soy y lo que no soy. No sabría que hacer sin ellos. Por eso mismo, sin palabras, como haría la brisa marina que acariciara piel y rostro en un dulce paseo por la playa, les susurro al oído una vez más que les quiero.